Vas por la carretera y ves un campo de olivos o un viñedo o un parque eólico... Todo parece plantado en la tierra de cualquier forma, como dejado caer. Lo sigues mirando mientras el coche avanza y, ¡zas!, descubres el orden oculto. Paralelas perfectas: una, dos, tres, y de repente el espejismo de ese orden que aún no te ha dado tiempo a asimilar desaparece.